ERA MUY CHIQUITA
Mucho, muy pequeñita cuando escuchar algo "rudo" o violento era cosa de otro mundo. Tener enfrente a una persona capaz de jalar el gatillo era algo impensable. Terror verla tomar el teléfono público y hablar, y hablar nomás y ver su cara, sus gestos, el movimiento de sus manos -o más bien el poco movimiento de las mismas- mientras ella hablaba y el marido se debatía entre la vida y la muerte. Impresionante a más no poder saber que se metió al coche con su arma, escondida, esperando el momento en que el marido y su amante se metieran para tratar de abatirlos. ¡A saber por qué aquel día que hablaba por teléfono estaba libre! Libertad física, porque puedo imaginar que una persona que ha caído de esa manera en los lastres de la inmundicia, libre no puede ser, jamás. Sí, así como sé que hay personas que en la cárcel han encontrado su libertad, han retomado un camino espiritual. En fin... Muy chiquita para ver todo eso. Para saberlo. Cuando en la imaginación de una niña sencillam...