UN HOMBRE TOTAL
Era un pequeño rebelde, casi un desastre. Hizo de todo, vivió de todo. Cayó en excesos, comió montones de frustraciones en platos de cartón y se dejó llevar, simplemente se dejó llevar. Yendo y viniendo siempre a los vaivenes que él sentía que lo jaloneaban con o sin voluntad, sencillamente se dejó llevar. Una marioneta al compás de la incertidumbre, gustaba de la fiesta. Un día acá, otro allá. Los amigos, el desenfreno. Más fiesta, más alcohol y más excesos. Un día no pudo más con tanto y se encerró en su propia cueva a sanar. Le costó dolor y angustia, sufrimiento. Sudores, temblores, escalofríos y momentos desgarradores. Logró salir de aquello que ya no le conformaba así, solos él y su fuerza. Una fuerza que no cualquiera tiene, un afán que muchos desconocen. Ese desastre que no solamente los demás conocían sino que él sabía que era, logró un paso fundamental pero... La fiesta seguía. Algo faltaba y mucho sobraba. Lo sabía. Un día se dio cuenta de algo que no...