Y ASÍ SEGUIMOS

 



Caminando sin mover los pies, por "rarito" que esto pueda parecer. Pero siguen así estos días que ya llamamos fríos, sin pensar ni por asomo en aquellos que tienen temperaturas bajo cero. Y llueve y llueve en España, y emiten otra alerta (aunque por fortuna no ha pasado a mayores).


Y si esto no es caminar, ¿De qué otra forma podemos llamarle? Correr con la vida, desplegar las alas en una inquietud por lanzar el vuelo. La cosa es que de una u otra forma estamos andando.


Si alguna razón nos llega a impedir pisar la calle, cualquiera que esta sea, corremos con la vida de todas las formas habidas y por haber. Y pasamos y nos pasan, esos que mascullan en nuestro transitar recordándonos que aquí estamos todos. 


Y tiene sus grandes ventajas el no estar mirando la calle en todo su esplendor y evadiendo el frío, porque nos libramos también de las locuras de diciembre: las carreras, y muy en especial ese consumismo que nos distorsiona la realidad de lo que ES la época que estamos viviendo. 


¿Habremos de salir a caminar? ¡Quién sabe lo que ocurrirá un segundo después! Lo importante es que ahora, en este preciso instante, somos conscientes de la manera de andar que nos ha sido permitida en este momento, a esta altura, en este renacer constante de sensaciones, acciones y omisiones. Todo sirve, todo suma, nada es desdeñable cuando de aprender a vivir se trata.


Sí, aprender a vivir. Siempre, constante. Viene a mi mente irremediablemente la mano de aquel viejecito con el que tomaba alimentos años atrás, esa mano temblorosa que expresaba lo que sería en muerte no correr la sangre por las venas. Un hombre que se había querido comer el mundo entero y que ese día repitió esas palabras que yo le dije, las repitió meditando, pensando profundamente: 


"Aprender a vivir..."

Comentarios

  1. Hola Maty, sí, este mes es un mes que pasa rapidísimo, que tiene un ritmo diferente y al que hemos atiborrado de tanta cosa que como dices, pudiera distorsionar la realidad. La vida "normal" se disfraza y es difícil reconocerla. Lo que cada quien haga, que lo haga desde el corazón y no desde la hipocresía o la obligación. Gracias por tus líneas que siempre dan para la reflexión. Abrazo fuerte y que pases unos días bonitos.

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    1. ¡Muchas gracias Ana! Sí, corre este mes a un ritmo diferente. Hablar con el corazón constantemente es la solución. Pásala genial también, un gran abrazo.

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  2. Hola, Maty, creo que esa frase se la debería aplicar muuuuuuucha gente, aprender a vivir de nuevo, valorando lo verdaderamente importante de la vida. Y sí, este corre vuela a un ritmo frenético.
    Un fuerte abrazo. 🤗

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    1. Eso es querida Merche, es que ¡Cuánta gente nunca lo aprende! Vive por vivir, como vegetando. Aprender a vivir es otra cosa, ese viejecito que menciono se dio cuenta muy tarde y por costumbres aprendidas ya no le pudo poner remedio. Un abrazo innnnnmenso.

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  3. Hola querida Maty, tus palabras me suscitas una reflexión íntima: caminamos incluso cuando el cuerpo parece inmóvil, porque la errancia verdadera es interior. Entre la intemperie del clima y la hojarasca del consumismo, aciertas al señalar que también hay lucidez en resguardarse y observar. Me interpela esa idea de “correr con la vida” como un acicate silencioso que nos empuja a seguir, aun sin rumbo explícito. Hay una sabiduría sobria en aceptar la forma de transitar que nos toca ahora, sin grandilocuencias. Al final, “aprender a vivir” no es consigna, sino ejercicio constante, casi un temblor heredado de quienes ya miraron de frente al tiempo.
    Me encantó tan sabía reflexión. Un fuerte abrazo y felices fiestas

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    1. Nuria, le diste perfectamente al meollo de este asunto, lo expusiste de maravilla y yo te lo agradezco mucho y también te mando un abrazo muy grande.

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  4. Así es Maty, aprender a vivir, hacerle caso a la Vida, que siempre nos muestra por donde ir, más allá de nuestra terquedad de creer que la razón está en donde están las mayorías, que por ser muchas se les concede la capacidad de pensar, más allá que lo mínimo maneja al máximo por eso por uno solo se nos conduce al matadero. Correr sin prisa, seguir el fluir que nace de muy adentro aunque tal vez no tenga nadie a mi alrededor, todos vayan para otro lado, eso sí....acompañada la Vida. Abrazo bien grande, inmenso, Feliz Navidad

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  5. En pocas líneas, capturas esa forma alternativa de avanzar por la vida cuando el frío, la lluvia o cualquier circunstancia nos recluye: un andar interior, un correr con el pensamiento, un desplegar alas en la inquietud del espíritu. Me ha gustado especialmente cómo conviertes la quietud física en una ventaja: evadimos las locuras consumistas de diciembre, esas carreras distraídas que nos alejan de lo esencial. La idea de que “todo sirve, todo suma, nada es desdeñable cuando de aprender a vivir se trata” resuena con fuerza, y el recuerdo de aquel viejecito —su mano temblorosa, su repetición meditada de “aprender a vivir”— añade una capa de ternura y sabiduría que conmueve. Es un recordatorio humilde de que la vida es un aprendizaje constante, incluso (o sobre todo) cuando el cuerpo se detiene y el alma sigue caminando. Un texto lleno de calidez , perfecto para estos días grises de enero en que la lluvia nos invita precisamente a ese andar interior. Gracias por este escrito que invita a detenerse y, al mismo tiempo, a seguir adelante.
    Un abrazo

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    1. Las gracias a ti Marcos por tan profundo análisis y por resaltar las partes que resaltas que a mí misma me remueven. Un abrazo y felicidades.

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