LA TERNURA Y SU ARTE
Sin duda los humanos nos comunicamos las emociones. Somos seres vibrantes que cuando practicamos de la manera que sea ese ejercicio tan bello y tan vital como es la ternura, cambia todo de color.
La ternura se lleva de maravilla con el amor. Amor con ternura... Hay amor que no se sabe expresar, ¡Lástima! Pero una caricia sutil (no es necesario el cuerpo) te dice que ese amor es lo que es y sus dimensiones son impalpables.
La ternura es darte en todo y por todo. Es posible, claro que sí. Pero si unos ojos conectan con otros y su esplendor calienta las mejillas y el corazón da un brinquito singular, estás dando lo mejor que hay en ti.
La ternura y el amor van de la mano, son espontáneas, se aplauden la una al otro. Como dos cómplices picarones que se solazan en su ejercicio.
La ternura llena el alma de regocijo total, es una traviesa preciosa que no puede dejar de darse porque esa es su razón de ser.
Dulzura sin tregua que besa de principio a fin. Llena muchos mundos. Es plena en muchos latidos. Es vida, pero más bonita aún. No escatima, y cuando se lanza puede derretir.
Ternura, ¡tanto y tanto te quiero, que no me concibo mirando sus ojos sin que una lágrima corra! No me dejes nunca.

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