ERA MUY CHIQUITA
Mucho, muy pequeñita cuando escuchar algo "rudo" o violento era cosa de otro mundo.
Tener enfrente a una persona capaz de jalar el gatillo era algo impensable. Terror verla tomar el teléfono público y hablar, y hablar nomás y ver su cara, sus gestos, el movimiento de sus manos -o más bien el poco movimiento de las mismas- mientras ella hablaba y el marido se debatía entre la vida y la muerte.
Impresionante a más no poder saber que se metió al coche con su arma, escondida, esperando el momento en que el marido y su amante se metieran para tratar de abatirlos.
¡A saber por qué aquel día que hablaba por teléfono estaba libre! Libertad física, porque puedo imaginar que una persona que ha caído de esa manera en los lastres de la inmundicia, libre no puede ser, jamás. Sí, así como sé que hay personas que en la cárcel han encontrado su libertad, han retomado un camino espiritual.
En fin... Muy chiquita para ver todo eso. Para saberlo. Cuando en la imaginación de una niña sencillamente no se cocinan esas atrocidades, parecen cosas de las películas. Haber visto tantas veces a ese señor con un traje color obscuro, haber visto tantas veces a esa mujer tan propia, yendo y viniendo.
Una vez se arreglaba para la fiesta de Fin de Año y preguntaba, "mamá... Por qué se arreglan tanto hoy?"
"Porque en Año Nuevo muchas personas salen a festejar, a "recibir" el año. Tampoco lo imaginaba la chiquita, tampoco.
Cuando la palabra "balazo" era de otro mundo, cuando un semi muerto por infiel era también algo de película, cuando era inimaginable solo pensar en ese señor de buen aspecto estuviese inmiscuido en eso... Habrá muerto? Su amante, habrá muerto? Ya no supo más.
Esa chiquita esperaba el Año Nuevo en su camita con su radio de transistores pegado al oído, quería que fueran las 12 en punto y que el locutor dijera "las campanadas, las 12 campanadas, Muy Feliz Año Nuevo" y celebrarlo con una canción del gran Raphael, el Divo de Linares. Entre tanto, las señoras grandes salían a fiestas llenas de lujo en su vestimenta, cargadas de joyas cuando su mundo era todo lo contrario a algo pacífico, cuando su vida era un tormento, cuando sus acciones los hacían vivir en un remolino ardiente y degradante.
Son vivencias que quedan marcadas, en la vida de un menor son difíciles de procesar. Es un shock ir descubriendo el lado obscuro del mundo. Cosas que no se pueden concebir.
La ventana que daba a la casa de esos señores tenía triple perspectiva para la pequeña asomarse era ver Mundo, era sentir movimiento, eran cosas que ella no tenía y que miraba con asombro. De pronto, hubiese querido que esa ventana ya no le mostrará más. De pronto se quiso escabullir, de pronto sintió miedo y unas ganas desaforadas de sentirse protegida.
Así comenzaba la vida. Y aún no termina.
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Hola, Maty, qué mal lo tuvo que pasar la niña en ese momento. Quebrantaron su inocencia de la peor manera. Eso curte y hace que se empiece a mirar el mundo con otros ojos.
ResponderBorrarMuy buena historia, aunque dura.
Un abrazo. 🤗
Sí querida Merche, es así, muy dura manera de comenzar una vida que siguió el patrón de tropiezos y dolorosas experiencias a las que se tuvo que sobreponer. Abrazo cariñoso 😗
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