UN HOMBRE TOTAL
Era un pequeño rebelde, casi un desastre. Hizo de todo, vivió de todo.
Cayó en excesos, comió montones de frustraciones en platos de cartón y se dejó llevar, simplemente se dejó llevar.
Yendo y viniendo siempre a los vaivenes que él sentía que lo jaloneaban con o sin voluntad, sencillamente se dejó llevar. Una marioneta al compás de la incertidumbre, gustaba de la fiesta. Un día acá, otro allá. Los amigos, el desenfreno. Más fiesta, más alcohol y más excesos.
Un día no pudo más con tanto y se encerró en su propia cueva a sanar. Le costó dolor y angustia, sufrimiento. Sudores, temblores, escalofríos y momentos desgarradores.
Logró salir de aquello que ya no le conformaba así, solos él y su fuerza. Una fuerza que no cualquiera tiene, un afán que muchos desconocen.
Ese desastre que no solamente los demás conocían sino que él sabía que era, logró un paso fundamental pero... La fiesta seguía. Algo faltaba y mucho sobraba. Lo sabía.
Un día se dio cuenta de algo que no le gustó nada: egoísmo. Quizá fue el ingrediente más lastimoso y más penoso para quien amaba y lo amaba. Porque sí: amaba, era amado.
Se encerró de nuevo en su burbuja de introspección, decidió no más de todo aquello. Decidió el cambio definitivo, no quiso lastimar más con ese egoísmo. Pensó, rectificó, actuó.
Ya un hombre total, aprendió de sus errores. Supo reconocer las equivocaciones (gran virtud que muchos desconocen). Y como admitir es el gran paso para lo que sigue, lo lograría. ¡Sí que lo lograría!
En esa carretera transita justo ahora, con paso firme y la cabeza muy en alto.
Errar y reconstruirse es un privilegio de... No tantos. Intentarlo día a día es un acto de amor: amor propio y amor a la familia que logró.
El hombre que sabe amar, de buena entraña y buena madera. Que tiene sentimientos. Que sabe desandar lo andado para crear un nuevo sendero.
Una lección de vida que ahora camina sin aspavientos, cierto de que encontró el camino y va por la mejor vía. No está exento del dolor, pero ahora el amor es su arma más poderosa.
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Me encantaaaa... muchas veces tenemos que pararnos a reflexionar si nuestro verdadero problema somos nosotros. Eso le falta a demasiada humanidad.
ResponderBorrarSí Luisito! Pásale, te sirvo un cafecito? Es como lo dices, por eso me encanta cuando alguien lo hace. Un abrazo amigo!
BorrarHola, Maty, pero qué belleza deslumbran mis ojos (y no me refiero al hombretón de la foto, el que va andando ;) sino a tus palabras: eso de "comer frustraciones en.platos de cartón" es una maravilla. Pedazo de metáfora, Maty, te has marcado. Y me alegra que ese hombretón recorriera el camino y encontrara en el amor su válvula de escape. Magnífica historia.
ResponderBorrarUn fuerte abrazo. 🤗
Gracias Merche! Por todo todo. Y sí, es un caso muy especial y de la vida real. Abrazosssssss
BorrarDerrumbarlo todo y volverlo a construir, tantas veces como sea necesario, y en cada vuelta ir limpiando y sacando todas las banalidades que llevamos dentro, una forma de reinventarnos y con sencillez y simpleza salir airosos de los caminos turbulentos y frívolos que a veces entramos en la existencia. Muy buen retrato de este ser que supo levantarse y rehacerse y vencerse, abrazo grande. Themis
ResponderBorrarLindas palabras Themis, así como ya nos acostumbraste. Y es verdad todo eso, solo que no todos lo logran. Pero hay preciosas excepciones. Un super abrazo! 😊
Borrar¡Hola, Maty! Me ha encantado tu relato. Un hombre fuerte que, aprende de sus errores y descubre lo que solamente el Amor puede lograr y sanar.
ResponderBorrarMuy sabio tu escrito, mi querida Maty. ¡Muchas felicidades!
Un abrazo gigante.
Muchas gracias Yolanda! Primero por estar aquí, y por lo que me dices. Sí, es un hombre que adquirió una gran sabiduría en su vida por fortuna. Un abrazo grande! 🤗
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