¿JULIO, YA TE VAS?



 Y el mes de Julio de 2026 dice que sí, que es su tiempo ya... Por ahora. Mas nunca, nadie, puede saber si habrá otro más. Se da la vuelta al calendario con la esperanza de pasar la hoja de otro Julio más dentro de doce meses. 


La vida es hoy, y comienza agosto. Cada mes es una promesa, un milagro, una ventana abierta y una página en blanco.


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Y... Ante la bohemia y ambiente melancólico que da una tarde con Javier Solís y sus "Sombras, nada más"... Una tarde que no sabe si quiere reír o llorar, solamente pretende ser querida. Y entonces en la calle se suceden pasos que van, que vienen. Muchas gente, movimiento. La señora de la fondita, sirve de comer a quienes acechan, por allí una cantina y unas chicas con un cigarrillo tomando una cerveza. Ni para qué pensar y menos decir que esos cigarrillos que tantos fumaron a mi alrededor me dañaron. Lo verán, porque a esas edades no hay advertencias que puedan causar efecto. Nadie experimenta en cabeza ajena. 


Y así sigue la gente y se cruzan mis pasos con los de una chica muy joven, muy alta, gordita y con rostro de expresión agradable. Increíble notar que a poco dejar asomar una mueca que quiere ser sonrisa, a ella le sale otra igual. ¡Hay gente buena! El poder de una sonrisa, más magia.


Ah pero unos pasos más allá surge el viejito que... Bueno, quizá no lo sea tanto pero lo parece y lo que más se nota es lascivia en su mirada que me provoca ni más ni menos que lo mismo que hace muchos años: asco. Inevitable. Nunca pude con eso. Por lo visto, mientras seamos mujeres eso va a seguir sucediendo. Pero voltear es suficiente, quiero pensar que hay hombres buenos que no solo piensan o viven en base a sus instintos de porra.


Y la tarde se comienza a despedir también, como cada día, sin falta. Sopla un poco de viento como anunciando algo.  La gente no se detiene. Es un ir y venir que pone mi mente a volar sobre lo que cada uno traiga en su vida, en su mente, en su ánimo. Cada cabeza un mundo, cada vida una historia.

Mucha juventud, muchos mayores también. Las jóvenes me sorprenden caminando en shorts, cosas que en mi juventud era un acto temerario. Un día de estos voy a detenerme a platicar con alguna de ellas para preguntarle cómo le va en este tiempo, no creo que las cosas hayan cambiado mucho en ese sentido. 


Y así al regresar sigue Javier Solís, lo dejé para que me recibiera y sentir la calidez de mi templo, mi techo. He prendido esas luces alegres que dan vueltas como loquitas y giran y siguen haciéndolo, como el mundo. Mis mascotas ni qué decir, ¡Cada recibimiento! Amor del bueno, lealtad a todo lo que da.


Y pues  sigue mi festejo de seis años de que comencé con mi blog. Nada se detiene, nada. La vida es movimiento y me enseña cada segundo que debo moverme casi así. Casi, porque a ella no la alcanzo, ni la alcanzaré por estar muy consciente que el camino se acorta,  pero los instantes se relamen uno a uno sin dejarlos pasar. Esos que se queden, que se queden porque solo las emociones nos llevaremos y, claro, el amor. Siempre el amor

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