MI PRIMER MAESTRO DE INGLÉS
Iba pasando por la vida en un caminito alegre de sol y calor, más muchas ilusiones. Desde el autobús contemplaba todo lo bello de la Ciudad de México, mi ciudad, en el Paseo de la Reforma. Eso ya era un deleite. Y el corazón a mil por hora porque ¡iba a mi primera clase de inglés! Y entre la emoción de la vida en sí, la gente en el autobús sumida en sus propios pensamientos, algunos durmiendo por el cansancio de la jornada, y la emoción del camino que iniciaba, me sentía muy muy feliz. Agradecía poder transitar por esas calles, ver el viejo (en ese entonces) Auditorio Nacional, donde tantos conciertos disfruté y más que disfrutaría después. Una película entera rodaba por mi cabeza, rumbo a mi primera clase de inglés. Fue un caminito alegre de sueños y ensueños y una imaginación desatada. La clase era a las 6 de la tarde. Bueno, si no me equivoco, 6.10 porque terminaba a las 7. Sí, eran cincuenta minutos. Ya había bajado del autobús, ya había caminado las callecitas tan...