LA LOCA DE LA LLUVIA
Así la llamaban. Todos le decían "señorita, no se moje... Señorita, cúbrase". Caía un aguacero torrencial. Era tan fuerte que dolían los brazos descubiertos ante la fuerte caída del agua que se clavaba cual fuerte punzón en su piel. Y cuando todo el mundo trata de protegerse en un caso así, ella feliz paseaba. Miraba al piso para no resbalar y porque el agua la cegaba si ponía la cara de frente. Sus pasos tenían qué ser lentos, era demasiada agua, eran grandes charcos. El ruido relajante del agua al caer y la aventura de sentirla en su piel. Porque había traspasado el vestido, lo traía todo pegado al cuerpo como un celofán, y los brazos era un gotear y gotear, y ella con gusto los miraba y veía las gotas resbalar tropezándose unas con otras y cuando algunas desaparecían, llegaban las de atrás. Estaba viviendo ese momento. Estaba caminando bajo la lluvia. Bueno, bajo la tormenta. Recordaba los tiempos en que su madre y hermano caminaban así juntos muchos años atr...